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Las tortillas de Gabino

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Este restaurante, situado en C/ Rafael Calvo, 20, es un local que está de moda. Aunque tienen bastantes mesas, no es de llegar un viernes por la noche sin reserva y sentarte a cenar. No sé otros días, pero en fin de semana, como no reserves con al menos un día de antelación, te puedes encontrar con el cartel de “completo”. Después de haber logrado ir, diría que este “hype”, está justificado.

La decoración del local da una sensación de sencillez agradable, limpieza y orden. Se está cómodo. El servicio me ha parecido excelente, atentos sin apabullar, eficientes y amables. En general, en cuanto al local, el funcionamiento y los trabajadores, me ha dado una impresión “alemana”, en el sentido de todo organizado, metódico, bien hecho y sin margen para error.

El nombre puede inducir a error, no es un restaurante como otros a los que he ido, que hacen tortillas, echándoles dentro esto o lo otro, y punto. Las tortillas son la punta del iceberg, hay muchos otros platos muy interesantes. No sé cómo lo hacen el resto de los mortales, pero yo cuando miro la carta de un restaurante, hago una primera pasada somera, haciendo una rápida pre-selección mental entre todos los platos, y volviendo sobre los que he pensado “hmm…” para finalmente elegir. Esta carta es de las que no hay muchos platos que puedas descartar rápidamente, prácticamente todos me sonaron como cosas potencialmente deliciosas que querría probar.

Como entrantes tomamos las croquetas de boletus y los bombones calientes de foie. Los bombones buenísimos, las croquetas sublimes. Me habría comido 10 croquetas de boletus… Luego nos trajeron la tortilla. La duda estaba entre pedir una tortilla innovadora, o la clásica “Velazqueña”, con la idea de que con esta es como veríamos de manera más pura cómo hacen la tortilla. Difícil elección, pero como volveré otras veces, en esta ocasión optamos por la Velazqueña, para probar una tortilla de patatas y cebolla sin más. Jugosa no está, sino jugosísima, como a mí me gusta. Aunque no se me pasó por la cabeza, imagino que si alguien la pide un poco más cuajada, no pondrán pegas. Las tortillas más originales que vi servir a otros comensales tenían una pinta buenísima. También vimos pasar otros platos tentadores, como el escalope tamaño oreja de elefante.

Por último nos trajeron el “Fisotto de setas”. Es un entrante, pero el maître nos aconsejó tomarlo lo último, supongo que por ser un sabor más fuerte, y con bastante razón. Este plato es como un risotto, pero con fideos en lugar de arroz. De nuevo, sabiendo hacer buen uso de una materia prima tan deliciosa como las setas, este plato es brutal. Meloso, de sabor intenso y con el toque de parmesano, presente pero no recurriendo al “con un kilo de parmesano, todo está rico”. Este plato os lo recomiendo encarecidamente. Si os gustan las setas, pedid sin dudar las cocretas de boletus y el fisotto de setas.

Por lo que vi en mi mesa y en las demás, muchos platos no te los traen sin más, sino que llevan una mínima preparación en la mesa. La tortilla si es para compartir te la sirven, el fisotto te lo mezclan y sirven, el Panaché de verduras viene en un tarro de cristal, que el camarero escurre y te sirve, etc. Otra cosa que me gustó fue ver una mesa de 6 chicas, que pidieron muchos platos para probar, y los camareros se molestaron en servir a todas y cada una su porción. Hasta el escalope llegó cortado en tantas tiras como comensales había. Un detalle que me pareció muy agradable.

Una cosa que nunca me pasa, es ver la carta de postres y que todos y cada uno suenen a mi gusto. El 65% los descarto por algo, el 25% los veo interesantes, y de los dos o tres que me quedan y que me suenan los mejores, elijo. No exagero al decir que por primera vez, quería probar absolutamente todos los postres. Al final me decanté por la tarta de zanahoria caliente con helado de coco, muy rica, no del todo cuajada.

La broma salió por 49€, con 3 cervezas de bebida. Teniendo en cuenta que la calidad es inobjetable, así como el servicio, y que los platos y su preparación son todo lo cerca que se puede estar de la haute cuisine sin ser un restaurante repipi, me parece una relación calidad-precio sobresaliente, y recomiendo sin dudar este restaurante. Si me obligan a buscar una pega, el pan no me pareció a la altura de lo demás. Me pareció como el que me pondrían en cualquier restaurante de comer de menú por 9€. Yo volveré, más pronto que tarde, me quedaron muchos platos por probar.

http://lastortillasdegabino.com/

  

  

Hard Rock Café

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Este restaurante es sobradamente conocido, pero había que visitarlo y hablar de él, resulta que te pones a hablar con la gente, y hay muchos que lo han visto y saben que está ahí, pero nunca han llegado a ir. Tienen 150 restaurantes en 53 países, y en todos una tienda con ropa y recuerdos, que mucha gente colecciona. Es casi una institución, más que un simple restaurante. Antes de nada, avisar que es un restaurante muy popular, siempre a tope, y que si vas un viernes a las 21:30 a cenar, te va a tocar esperar un ratito, cosa que puedes hacer sentado en la barra con una birra, cóctel o similares.

Sigue la fórmula clásica de restaurante hiper americano, aunque probablemente más que seguirla, sea de los que la crearon. Las paredes están forradas de memorabilia musical, guitarras firmadas por famosos, trajes utilizados en conciertos, discos de platino, etc. Mientras cenas, videoclips de clásicos del rock, pop, etc. Tanto en este sentido como en el de la comida, el Hard Rock es el americano por antonomasia.

La decoración y el ambiente por sí mismos merecen una visita, pero hay otros aspectos en los que este restaurante no defrauda. El servicio es siempre muy bueno, algunos camareros son simplemente muy eficientes y atentos, otros/otras son francamente cachondos. La carta está plagada de clásicos; los típicos entrantes, más hamburguesas, costillas, fajitas, brownie… En su clase, el Hard Rock es el mejor que conozco.

Siempre pido el jumbo combo de entrantes (para dos o tres personas), que por 17,90€ te da potato skins, alitas (con o sin picante), aros de cebolla, tiras de pollo rebozado y una especie de rollitos de primavera rellenos de maíz, pollo, queso.. Todo esto con un surtido de 5 salsas buenísimas, que siempre me guardo para rebañar con el segundo. Me cuesta dejar de pedir este mega-entrante, pero los ignacios con guacamole, chilli con carne y queso también son bastante épicos.

De segundo, lo “normal” es pedir fajitas, una hamburguesa o un costillar. Todos son muy buenos y dignos de pedir, pero yo desde que descubrí el “pulled pork sandwich”, lo suelo pedir. Es una hamburguesa hecha con carne desmigada de cerdo. No sé de qué parte será, pero es sabrosísima, como las costillas, pero sin huesos y tal. Viene con una cantidad oprobiosa de patatas, ensalada de col y frijoles.

Los postres también son los que esperarías encontrar, y como lo demás, son “chapeau”, bien presentados y abundantemente acompañados. Por supuesto, hay refill de refrescos (bebe 30 y paga 1).

En cuanto al precio, supongo que con todo el mundillo que rodea al Hard Rock, mucha gente presupone que será carito, y prefieren irse al Ribs, Tony Roma’s o Dios no lo quiera, Foster’s Hollywood. El caso es que te cuesta lo mismo que comer en esos sitios, pero en otra liga. Hoy el jumbo combo, dos pulled pork sandwich, y dos refrescos por 46€. La sensación es de lo mismo de siempre, que conoces de sobra, pero con todos los detalles perfectamente cuidados y sin ninguna concesión a la mediocridad. Da la sensación de que hay un “gran hermano” vigilando silenciosamente que todo vaya sobre ruedas. Habré ido 8 o 10 veces, y nunca he podido quejarme ni del servicio, ni de la comida, ni del ambiente. Si no habéis ido nunca, es de esos sitios que HAY que visitar al menos una vez.

  

 

Puerto Rico

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No sé si este pequeño restaurante en la calle Chinchilla de Madrid es un restaurante, una taberna o una casa de comidas, pero es un lugar único. Ha debido aparecer ya en bastantes guías de turismo y de ambiente, porque el público es básicamente clientes clásicos, grupos de gays, y grupos de extranjeros. Pues esta gente sabe dónde comer.

Tampoco sé el motivo del nombre (ya podía haberlo preguntado tras decenas de visitas, la verdad…), porque la cocina es claramente española tradicional.

Se trata de una carta que uno piensa bastantes veces “anda! el tiempo que hace que no como yo esto…” al leerla. La cocina es casera, sin pretensiones, y deliciosa. En un día de frío, nada como una sopa castellana del Puerto Rico. Es como visitar a tu abuela y que te ponga una carta para elegir cuál de sus clásicos platos quieres comer. No me imagino pedir nada en el Puerto Rico y que no esté delicioso y sea inconfundiblemente casero.

Cuando pides entremeses, el jamón no es de pata negra, pero todo es bueno y valorando su precio, excelente. El arroz con leche es sistemáticamente sublime (cuando no llegas tarde y ha volado todo).

He comido en este local con personas que tienen altos cargos en multinacionales y están acostumbrados a comer en restaurantes de renombre por todo el mundo. Todos han sonreído como niños cuando se comían unas judías pintas, una sopa calentita, pollo al ajillo o el notorio “Escalope Puerto Rico”.

Llega la cuenta (el único momento en el que el extremadamente eficiente y amable camarero Mariano tarda, como si no quisiera que nos marchásemos!) y la parte que paga cada uno parece un error en la cuenta. Has comido a precio de comida basura una comida casera hecha con esmero y deliciosa. No es un sitio para visitar una vez en la vida, es un sitio que si lo tienes cerca, vas a menudo!

En nuestra visita empezamos con la sopa castellana. De segundo, el escalope puerto rico, que hay que probar al menos una vez, y ternera al ajillo, con dos huevos fritos por el qué dirán. De postre flan con nata y el ya mencionado arroz con leche.

    

García de la Navarra

Hoy, he podido comer en uno de esos sitios que no destaca por llenarte la cabeza de ideas extravagantes y novedosas, sino por plantearte algo que conoces, pero con una calidad suprema. El restaurante, en C/ Montalbán nº3, está montado por dos hermanos con muchas tablas, uno cocinero, y uno sumiller. Mi padre tiene trato con Luis desde hace años. Aparentemente es uno de los mejores sumilleres del país. Yo he podido disfrutar en casa de vinos excelentes que periódicamente Luis ha recomendado a mi padre. Efectivamente, un maestro de darte vinos cuya calidad sobrepasa con creces el precio por botella que uno esperaría. Cualquiera es capaz de darte una botella de 80€ de buen vino, supongo que el talento reside en conocer, descubrir y saber darte vinos de esa calidad por un precio muy inferior.

En cuanto a la decoración, la palabra que mejor define el restaurante es agradable. Es espacioso, luminoso y cómodo, con detalles curiosos, pero se han molestado más en crear un ambiente acogedor, que en crear un ambiente tremendamente decorado. Esto se traduce en que te sientes como en casa, quedan ganas de volver.

La carta es escueta, y sencilla. El jamón es sencillamente de bellota, en lugar de con foie y mermelada y coca de pasas. El bacalao es con tomate, la carne es a la parrilla, y la merluza es a la romana. A mí encontrarme con una carta conocida, que no pretende marearme sino ofrecerme cosas sabidas, pero muy bien preparadas, me alivia. A veces a uno le apetece probar virutas de trufa con aroma de aceituna negra vaporizada con panceta pasada por autoclave, y a veces uno quiere sentarse y comer platos que ya ha comido, ricos, sin más. El servicio es atento sin ser intrusivo.

Tomamos unas anchoas de Santoña sublimes, que se deshacían en la boca. Luego unas croquetas finas y cremosas, unas de pollo y jamón, y unas de sobrasada.  Como plato principal, mi padre eligió callos, y yo carrillera de ternera. Los callos estaban tiernos y sabrosos, y la ternera se podía deshacer con la lengua contra el paladar de lo suave que estaba. Las patatas de guarnición (una cosa aparentemente trivial pero que realmente dice mucho) eran crujientes y con sabor, sin ser pesadas. De postre arroz con leche, y yo, por variar, tarta de arroz con leche. El arroz con leche es otra de esas cosas que tienen en todas partes, pero cuya calidad o falta de, suele hablar del esmero empleado en general.

En cuanto al vino, lógicamente ni miramos la carta y nos pusimos en manos de Luis, que nos propuso un vino de La Mancha, de 19€, y que me pareció excepcional. Hablando después con Luis, me cuenta que cada semana ofrece 15 vinos distintos, para que el cliente pueda conocer nuevas referencias del mercado nacional e internacional, siempre con una relación calidad-precio excelente.

La cuenta ascendió a 72€, lo cual descontado el vino, me parece un importe muy razonable por comida de esta calidad. Este restaurante es absolutamente recomendable para cualquiera que quiera comer con total garantía de no quedar defraudado cosas “de toda la vida”, y sobre todo, para cualquier persona interesada en el vino. Cuando me apetezca comer un revuelto de morcilla, un buen guiso, unos chipirones, presa ibérica o un chuletón, con la tranquilidad de un vino acorde sin necesidad de ser enólogo (porque no lo soy), volveré a García de la Navarra. No llevé la cámara, pero pronto espero poder subir alguna foto.  En esta ocasión la idea era comer  sentados, pero al ir hacia el comedor, pasas por una amplia barra y piensas “Algún día vuelvo aunque sea a tomar una copita de vino y unos pinchos, que tienen buena pinta…” http://www.garciadelanavarra.com/

Alfredo’s Barbacoa

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Cada vez son más los restaurantes americanoides, ya sean franquicias o restaurantes… ya sabes, no franquicias. Pero Alfredo’s no es ni nuevo, ni americanoide. Es auténticamente tejano, y Alfredo no es un personaje imaginario, sino un barbudo cowboy que de vez en cuando se pasa por sus dominios.

La decoración no engaña y no deja lugar a dudas del sitio en el que estás. Las banderas confederadas comparten pared con retratos de cowboys en plena faena (me refiero a cazar vacas con lazo), y se nota que todo está traído del Sur profundo y no del chino de la esquina. Lo peor del ambiente sea probablemente la  luz, bastante escasa y amarillenta (nos referimos al local de C/ Juan Hurtado Mendoza).

Aquí se viene a lo que se viene. Es todo lo que el Foster’s Hollywood debiera ser y no es. Según varias personas bastante viajadas y cuyo criterio gastronómico respetamos, ni los argentinos ni nada: los americanos son los que más dominan el tema de la carnaza y la parrilla. Desde luego Alfredo’s parece atestiguarlo. Entrantes como cabe esperar; alitas, aros, chilli con carne, mazorca, pan de ajo… Antes incluso de pedir te traen una ensalada de col, algo que uno de los que escribe normalmente dejaría en la mesa sin tocar pero que en Alfredo´s (gracias a un contenido en azúcar obsceno) sabe estupenda.

El resto de la carta, tres cuartas partes de lo mismo: brocheta de la casa (recomendadísima), costillas (esto es quizá lo más flojo de los segundos) y hamburguesas jugosas, sabrosas y ricas, tamizadas con la salsa barbacoa que ellos mismos preparan. Es cierto que en nuestra foto no salen especialmente apetecibles, pero es una ilusión óptica fruto de la mala iluminación, y además el juez último debería ser el paladar, no los ojos. Y su veredicto es “Oh yeah!”.

No pedimos postre porque estábamos colmados de vaca, pero tanto la carta como algunas tartas que se exponen en un mostrador, prometen.

Tienen dos locales, en Lagasca y Juan Hurtado de Mendoza. El precio de la brocheta, dos hamburguesas, cerveza y agua fueron 35€.

      

 

Casa Mingo

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Muchos conoceréis ya este clásico de la noche madrileña. Está en Paseo de la Florida, cerca de la estación/centro comercial Príncipe Pío. No es un sitio revolucionario, pero es de visita obligada para alguien que quiere conocer los sitios emblemáticos de Madrid. Tienen un espacioso salón decorado con botellas y barriles de sidra, y como novedad, un segundo salón arriba por si (como suele ocurrir), el principal está abarrotado y uno no quiere esperar. Es un ambiente informal tabernero, de sentarte, pedir unas raciones y vociferar un rato.

El servicio es auténtico, de estos camareros con oficio y experiencia, que no necesitan apuntar lo que les pides y que te atienden muy eficazmente. En la carta los clásicos son chorizo a la sidra, tortilla de patatas, pollo asado, empanada, cabrales, cocretas (que hace poco oí que ya está aceptado escribirlo así!), y lo típico es pedir sidra, aunque nadie te mira mal si pides otra cosa. Todo lo que he comido en este sitio es bueno, aunque tampoco excelente. También es que tras visitar Asturias, mi listón de comida de esta zona subió considerablemente! El precio de las raciones ronda los 6-9 euros.

   

Foster’s Hollywood

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¿De dónde sale lo de Hollywood? Yo no he estado en Hollywood, pero siempre lo he imaginado como un sitio memorable, con una mezcla de clase y espectáculo. Esto no es una definición acertada del Foster’s Hollywood.

De pequeño me emocionaba, era mi meca de las salidas familiares, y no sé si al crecer subí el listón, o si ellos lo bajaron (o enterraron). Creo que un poco de cada. El caso es que la última vez que fui, hace ya unos años, además de que el camarero me copió la tarjeta de crédito y se intentó comprar un PC de última generación a mi costa, terminó de caer el mito y archivé indefinidamente este tugurio.

Es una franquicia, en el peor sentido posible, peca de todo lo malo que uno pueda suponer de una franquicia. La decoración es presuntamente americana, recargada, con réplicas de carteles de Coca-cola de antaño y demás tópicos. Yo no doy excesiva importancia a la decoración, y desde luego un restaurante puede redimirse si la comida sobresale. Lamentablemente no es el caso.

No se han comido el coco con la carta. Aros, palitos de queso, alitas, costillas, carnaza y brownie. Ese rollo. Que no seré yo quien reniegue, unos buenos aros me encantan, pero como todos los entrantes de este antro, tienen un regusto insano a aceite re-utilizado durante meses. Si decides que al ser un sitio americano, un buen filetaco es un acierto seguro, que eso se les da bien, estarías en un error. La carne es insulsa, pasa de tu plato a tus entrañas sin pena ni gloria. Las hamburguesas son absolutamente estándar, y en mi última visita, incluso con un sabor que indicaba que esa carne debieron dársela a un perro hace días. Las costillas, que era mi principal elección en este sitio, cayeron en picado. Las últimas veces, estaban secas, sosas, una ración ruin, y cuando dejé de pedirlas, hasta con una parte congelada. Cualquiera de estos platos acompañados con unas cosas blandengues y pesadas que dicen ser patatas fritas. Los postres son más pesados que exquisitos, y eso sí, puedes beberte un cántaro de coca-cola, que sólo te cobran un vaso.

“Bueno, al menos será barato”. Lo peor es que no! Cuando te traen la cuenta, tu estómago ya está mandándote señales de que esa noche vas a hincharte a teletienda, ya que conciliar el sueño con semejante oprobio procesándose es imposible. El importe debido terminará de revolver tu sistema digestivo, y acabarás preguntándote qué haces en ese lugar en vez de el Hard Rock, donde la carta es idéntica pero bien hecha, y el ambiente es igual de tópico pero más creíble.

Nota: no hemos puesto fotos de la comida porque eso implicaría volver a pisar uno de estos antros ignominiosos. Y aunque nos debemos a nuestros fervientes seguidores, tenemos un límite.